lunes, 15 de noviembre de 2010

APOLOGÉTICA: ¿Fue Jesús un revolucionario?

Uno es el Cristo que esperaban los judíos y otro el Jesús real y auténtico de los evangelios, el Hijo de Dios hecho hombre. De igual manera, la figura del Cristo revolucionario y socialista que quiere presentar el Presidente de la República esta alejada del verdadero Jesús que sí vino a instaurar una revolución, pero muy distinta a la que el primer mandatario ajusta a la conveniencia de su ideología.


Aπολογία
Por: Javier Lugo

En la historia política de las naciones nos topamos con frecuencia con mandatarios autoritarios que utilizan los personajes, elementos y símbolos religiosos para manipular la conciencia del pueblo a través de su fe, menoscavando el verdadero sentido de las realidades espirituales que transmiten esos elementos.



Muchas veces hemos visto al Presidente sacar de su bolsillo la imagen de Cristo en la cruz junto a su pequeña Constitución edición de bolsillo. Y muchas veces se le ha escuchado hablar como predicador sobre la vida de Jesús y su misión en este mundo. Todos estos discursos presentan a la figura histórica de Jesús, como un líder revoltoso, un mesías político, un guerrero y hasta un verdadero socialista. Muchos de estos discursos han sido proferidos en medio de ataques a la jerarquía eclesiástica queriendo desprestigiar el singular papel que desempeña la Iglesia Católica en nuestro país.

Al mensaje guerrerista y la confusión del pueblo ante la propuesta de un Jesús revolucionario y socialista surge la pregunta: ¿Fue Jesús un revolucionario?

Respondo esta interrogante no sin antes citar el evangelio de Juan:

Pilato llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tu el Rey de los Judíos? (…) Tu pueblo y los jefes de los Sacerdotes te han entregado a mi ¿Qué has hecho?” Jesus contestó: “Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en mano de los judíos. Pero mi reinado no es de acá” (Jn,18, 33-35)

Si entendemos como revolucionario lo que entiende y aspira el presidente, lamentablemente debemos negarle ese atributo al Señor. Pero si lo vemos desde la perspectiva esencialmente espiritual y trascendente de su misión de llevar a cumplimiento el plan salvífico de Dios, debemos decir que no solo fue revolucionario, sino el UNICO y AUTENTICO revolucionario, pues gestó para el hombre la Revolución Total, la salvación eterna, por eso el reino de Jesús no era de este mundo… su reino es del espíritu.

Pero entonces, ¿De qué se trata la revolución de Jesús?

El pensamiento de Jesús es de una revolución continuada, una revolución espiritual que por supuesto redundaría en los aspectos de la vida social de los pueblos. Los cambios sociales tan necesarios son frutos de una purificación, renovación y crecimiento en la perfección, esencialmente en el corazón de todos y cada uno de los hombres. Desde este punto de vista la revolución de las realidades terrenas sería, de este modo, una exigencia lógica del ideal de la revolución espiritual que Jesús vino a instaurar en el mundo, es un llamado constante a la conversión. Es así como 2000 años después, la Revolución iniciada por Jesús sigue siendo actual, porque es una revolución “trascendente”.

En Resumen

Nos equivocaríamos si dijéramos que Jesús fue un revolucionario únicamente en las cosas terrenas (políticas, ideológicas o sociales) al igual que tantos hombres de todos los tiempos, y muchos más si se pretende adecuar la figura de Jesús según los esquemas políticos revolucionarios de las ideologías de izquierda. Jesús fue esencialmente y en primer término el que, levantando la naturaleza humana caída, revolucionó al hombre y las relaciones de éste con Dios en vista a la Salvación. Es una revolución fundada en la constante conversión del espíritu humano.

Las transformaciones y revoluciones se libran primera y fundamentalmente en los corazones y en las conciencias de los hombres. En la medida en que el hombre experimente la conversión, el cambio de su conducta resultará más elocuente y ejemplar y se obrará de esta manera la conversión exterior. Si no existe una revolución interior, difícilmente se obrará una revolución en el ámbito social y económico. Las revoluciones huecas y podridas son el resultado de falsos revolucionarios cuyas almas siguen inmersas en la corrupción… “por sus frutos los conoceréis…” (Mt 7,20)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada