lunes, 9 de mayo de 2011

Radiografía de los Navy Seals, los verdugos de Bin Laden

El Equipo 6 de los Navy Seals oficialmente no existe, pero Obama ha condecorado hasta a su perro


Cuando Osama bin Laden fue abatido, uno de los soldados estadounidenses que intervino en la operación se estiró en el suelo a su lado. Los Navy Seals habían utilizado los aparatos más sofisticados para llegar hasta allí, ahora aplicaban lo más rudimentario para medir la estatura del líder de Al Qaida y tener una primera confirmación de su identidad. El voluntario medía seis pies (1,82 metros) y el cadáver le sobrepasaba ligeramente en longitud, lo que daba en la diana, pues se sabía que Bin Laden medía alrededor de 1,90 metros.

Barack Obama, que siguió en directo el desarrollo de la intervención, se giró entonces a sus consejeros y comentó, haciendo referencia al Black Hawk de tecnología secreta que se había estrellado: «¿Hemos donado a la operación un helicóptero de 60 millones de dólares, ¿no podíamos permitirnos comprar una cinta métrica?».

Los Navy Seals son, ya se ha visto, hombres de recursos. Adiestrados para superar las condiciones más adversas, en términos climatológicos y operacionales, constituyen la élite de los unidades especiales estadounidenses. Cada arma tiene sus fuerzas especiales, pero las de la Armada, con una formación sin parangón en medio acuático -deben nadar en agua helada o bucear atados de pies y manos-, son las que ofrecen mayor versatilidad, y su denominación así lo refleja: Sea-Air-Land (mar, aire y tierra).

Los que intervinieron en Abbottabad, además, fueron su grupo más escogido, el Equipo 6, que oficialmente no existe y todo lo referido a él está clasificado como secreto.

«Son de otra mentalidad; no cabe el planteamiento de supervivencia, cada día es una competición», explica Stew Smith, él mismo «seal» durante ocho años y ahora dedicado a cursos de entrenamiento para quienes desean someterse a las pruebas de entrada. El listón está alto: hacer cien flexiones y abdominales en menos de dos minutos; correr 2,5 kilómetros en menos de siete minutos, y nadar casi 600 metros por debajo de los trece minutos.

«Semana en el infierno»

Para Smith, el hecho de pertenecer a la Marina es determinante, pues «existe un gran respeto hacia la madre naturaleza, porque te das cuenta de que cuando estás fuera, en medio del océano, no eres más que una mota». Además, «los cambios repentinos del tiempo enseñan a tener siempre un plan B». Un dicho de los Navy Seals es que «dos son uno, uno no es nada».

La formación de dos años que reciben los reclutas es la experiencia más dura en las Fuerzas Armadas. Solo se admite a hombres. Existe un 80-85% de bajas antes de que llegue la graduación. En la presente promoción, ya se han retirado 190 de los 245 aspirantes, eso que el programa solo lleva tres semanas. Y es que lo más extremo son los seis primeros meses de entrenamiento, conocidos como Basic Underwater Demolition, que incluyen la llamada «semana en el infierno»: 120 horas de pruebas de gran asperaza física y mental, solo mitigadas por cuatro horas de sueño diarias. Los candidatos son sometidos a observación psicológica para evitar consecuencias negativas.

Como ha relatado otro ex «seal» a «The New York Times», es en esa semana donde se entiende que el lema propio sea «el único buen día fue ayer». Al instructor que les presiona vociferando órdenes por megáfono se le conoce como el «Anticristo».

La «semana en el infierno» tiene lugar en la base de Coronado, en California, donde se han formado la mitad de los 2.500 miembros de los Navy Seals en servicio. La otra mitad proviene de la base de Little Creek, en Virginia, a excepción de los 300 que se supone que integran el Equipo 6, que tiene su sede en Dam Neck, también en Virginia.

Un perro en la condecoración

La edad de quienes forman parte de esta élite de la élite ronda la treintena, por encima de la media de 22-25 años que tienen los miembros de los otros equipos de Navy Seals. Se trata de personas con más tiempo de servicio, con más experiencia y preparación. Por ejemplo, deben lanzarse en paracaídas, con máscaras de oxígeno, desde 9.000 metros de altura para intentar tomar el control de un barco supuestamente secuestrado.

Hace dos meses, 79 de ellos fueron seleccionados para una operación secreta. Al frente estuvo el vicealmirante William McRaven, un tejano que se graduó en Periodismo antes de entrar en la carrera militar y que es responsable del Comando Conjunto de Operaciones Especiales. Fueron semanas de intenso entrenamiento, utilizando reproducciones a escala de la residencia de Bin Laden. En la operación intervino un perro adiestrado, que también acudió el pasado viernes a la condecoración del comando realizada por Obama, a puerta cerrada. «Buen trabajo», les dijo.

Los Navy Seals tienen su origen en unidades anfibias durante la Segunda Guerra Mundial, aunque su creación propiamente dicha fue firmada por John Kennedy en 1962. Desde entonces han intervenido en conflictos como los de Vietnam, Granada y Panamá, donde cuatro «seals» murieron al intentaron evitar que el presidente Manuel Noriega escapara utilizando su avión y barco privados. También han realizado operaciones en Irak y Afganistán, de acuerdo con el creciente papel que Obama ha dado a las fuerzas especiales en la solución del conflicto afgano.

Fuente: ABC.es

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