lunes, 31 de marzo de 2014

El ser profesional del docente venezolano

La definición del ser profesional del docente impone una revisión de la naturaleza del trabajo docente, ahora diseñado de una manera burocrática y especializada, hacia la búsqueda de un profesional que fundamente su actuación en un cuerpo sistemático de conocimiento, sistema de normas de autonomía, altruismo y sentido comunitario, sentido de autoridad básica sobre los usuarios de su profesión, una cultura ocupacional clara, fuerte y distintiva, y en la legitimación de la sociedad y las leyes.

El tiempo de dedicación de la docencia, que sigue siendo de menor extensión que el de otras profesiones de la sociedad, sólo se corresponde con el que se dedica a las tareas de atención a los estudiantes en el aula de clase sin considerar momentos laborales para la planificación el estudio y la actualización, atención personalizada a los estudiantes y a la comunidad. Es evidente que el rediseño de la profesión docente debe considerar el reconocimiento e integración de estos aspectos a la jornada laboral integrada.

La docencia de excelencia integraría todas estas tareas y funciones que van más allá del tiempo del salón de clase. Adicionalmente, son muchas las características que definen al buen docente. Un buen docente tiene comúnmente un excelente historial de estudiante; se interesa por las ideas y opiniones de sus estudiantes, se siente comprometido con las tareas de educar, aprender y enseñar, son afectuosos y son arriesgados ante la aventura del conocimiento. Este docente es producto de la formación profesional.

Pero, la formación profesional del docente aún sigue el camino del convencionalismo y no se dirige a fortalecer ni a destacar las características de un docente de excelencia, experto en el hacer, seguro en su ser y competente en el proceso de conocer. La formación de pregrado ha quedado estancada demasiado confiada en la academia del aula de clase universitaria y en las comodidades de la discusión teórica colectiva. Sin percatarse de las potencialidades de la formación en la acción y de la tutoría de maestros y profesores de experiencia.

La docencia es una función compleja y complicada que va más allá del aula de clase de la escuela. Esta contiene un conjunto de acciones organizadas que propenden a la generación de experiencias de aprendizaje, que requieren de un acompañamiento permanente del estudiante alrededor del conocimiento organizado y de la realidad. El proceso de enseñar y aprender está asociado a la escuela y al docente. Esta asociación ha expandido el sistema escolar y con ello la necesidad de docentes en el sistema. Tal necesidad no ha sido cubierta adecuadamente durante mucho tiempo, generándose un déficit importante de docentes profesionales, sobre todo en el medio rural, zonas indígenas y fronterizas.

Las condiciones generales bajo las cuales se ejerce la docencia son hoy mucho más dinámicas y variables. Nuevos programas, propuestas, indagaciones y teorías estimulan cambios en la enseñanza y en el aprendizaje. Sin embargo los beneficios sociales, el diseño del trabajo y el contexto organizacional de vida del docente aun siguen en discusión.

No hay dudas de que la educación mundial en general y la venezolana en lo particular, viven momentos importantes marcados por un interés creciente de los Estados y de otras organizaciones sociales públicas y privadas en reformas y adecuaciones con el propósitos de atender las críticas sobre las deficiencias y deformaciones de los sistemas educativos y de la escuela. En las propuestas de reforma destaca el papel del docente profesional en la conducción de la educación formal y no formal, en virtud de las exigencias técnicas, científicas y éticas que plantea la educación del presente y del futuro.

La docencia profesional está comprometida con los retos del conocimiento y las exigencias de la cultura: la formación cognitiva y ética de los más jóvenes. Pero esto no es suficiente para adquirir el estatus profesional. El estatus profesional de una ocupación se adquiere cuando ésta se identifica con un cuerpo general y especializado de conocimientos, sistemas de normas de autonomía, de altruismo y sentido de comunidad y de autoridad sobre los usuarios, así como la posesión de una cultura ocupacional clara y del reconocimiento de la comunidad/sociedad.

Nuestros estudios muestran que la ocupación docente tiene un estatus profesional muy débil que la acerca, en el mejor de los casos, a la categoría de una semi-profesión, a pesar de la consideración de las leyes y los reglamentos del ejercicio de la educación.

1. ¿Cuales son las características que debe poseer el profesional para el correcto desempeño de la labor docente?

2. ¿Cuales son las desventajas en el sistema educativo que impiden un óptimo desempeño de la labor docente?

3. Según el análisis de la lectura ¿que cambios en materia académica y laboral deberían aplicarse para lograr la correcta formación y desempeño docente?

lunes, 24 de marzo de 2014

Docente: Constructor de la sociedad



Guía, formador, amigo, modelo, orientador, ejemplo a seguir, son algunos de los adjetivos que sirven para calificar a quienes día a día dan lo mejor de sí para construir el futuro de la nación, enseñando y formando integralmente al patrimonio más preciado de un país: sus niños, adolescentes y jóvenes.

Por Juan Carlos Rico

Ser educador, para muchos, consiste en impartir una gama de conocimientos y materias establecidas en un pénsum curricular. Sin embargo, para los protagonistas de esta labor, educar no se limita sólo a cumplir con objetivos académicos sino, a la par de ello, formar integralmente a los ciudadanos.

Para ello, se conjugan tanto el desarrollo integral de las capacidades como el aspecto humano del ciudadano, mediante de valores que le permiten aportar aspectos positivos a la sociedad y a sus semejantes.

En esto coinciden varios educadores al ser abordados sobre el tema de su profesión como transformadores y modeladores de sociedad. Todos destacan que el aporte de la tarea que realizan resulta fundamental para el desarrollo del país, pues de ello depende la construcción de un futuro mejor. 

Coinciden en que aún cuando existen valores que son inculcados en el ámbito familiar, los docentes tienen la responsabilidad de forjar las capacidades e intereses de sus alumnos, a través de la orientación de sus vocaciones, con el propósito de que logre desenvolverse de manera exitosa a lo largo de su vida.

Asimismo, refieren que el papel de los maestros en la sociedad actual, está orientado hacia la formación del hombre integral. Destacan que su tarea va más allá de impartir conocimientos a los alumnos: incluye reforzar los valores aprendidos en sus hogares y enseñarles valores nuevos que les permitan desarrollarse en armonía con sus semejantes.

“El docente construye el futuro de un país, de una nación. Sin educación no hay esperanzas de una vida mejor”. Así lo resume una de las docentes entrevistadas.

Constructores de patria
Para la docente Yarenis Chiquín, quien imparte la materia de Castellano y Literatura en el Liceo Pedro Emilio Coll, ubicado en la parroquia Coche, en Caracas, ser educador es una tarea que aunque está llena de muchas satisfacciones, resulta bastante difícil y ardua.

“Nosotros tenemos que hacer un poquito de papás, de psicólogos, de amigos, de orientadores, tratar de inculcar la disciplina. Pero aparte de eso, por supuesto, también tenemos que impartir conocimientos y enseñanzas claves para que el alumno se desenvuelva a lo largo de su vida exitosamente. Es también, orientar la vocación del alumno, más allá de la materia que nos toca impartir”, explica la docente. 

Chiquín considera que es necesario ir más allá para lograr influir de manera positiva en las vidas y en las decisiones que a futuro tomarán estas personas, ello para procurar no sólo el beneficio de los alumnos sino también el de la sociedad.

“Nuestra labor debe ir más allá, porque si te limitas únicamente a impartir objetivos eres un comunicador de información, un facilitador. Cuando eres educador estás tratando de formar también, siempre debes ir un poco más allá", advierte. 

La docente agrega que muchas veces se establecen conexiones especiales con los alumnos, lo cual permite a los educadores influir de manera positiva en sus vidas. 

"Compartes sus intereses, los incentivas, y el día de mañana ves que están haciendo que a ellos les gusta, algo útil, algo por el país. Eso es una satisfacción enorme. Se siente como cuando vez a un hijo obtener logros y te das cuenta que tú contribuiste de alguna manera en ello”, dijo.

Por su parte, para Karina Sosa, maestra de sexto grado en la Unidad Educativa Rafael Arevalo González, ubicada en la parroquia Río Chico del estado Miranda, ser docente es un reto y una tarea cuya aporte principal radica en la formación de ese ser humano útil a la sociedad y a sus semejantes.

“Es llevar de la mano al individuo, orientarlo y guiarlo por el buen camino. Además, es reforzar esa formación que ellos reciben en sus hogares. Uno trata de ayudarlos. Educar no es solamente abordar las áreas académicas, sino también ir más allá: formar en valores”, sostuvo.

El principal orgullo que esta docente expresa, es conseguirse con quienes una vez fueron sus alumnos y saber que están en diferentes roles aportando su grano de arena a la sociedad.

“Tuve alumnos que hoy son policías, incluso he llegado a lugares de asistencia médica y me he conseguido con alumnos que son médicos, enfermeras. Y significa tanto para uno que todavía te saludan, te recuerden. Uno siente que es parte de esos logros”, enfatizó.

Sosa destacó que otro aspecto gratificante de su carrera es notar que aunque algunos de los estudiantes no alcancen maestrías ni obtengan una licenciatura “son hombres y mujeres de bien, formados con valores, trabajadores del pueblo”.

Esta docente barloventeña, manifiesta con énfasis que el papel de los docentes en la sociedad actual, está orientado hacia la formación del hombre integral.

“Nada hace una persona con saber matemática, física y química y como persona no tiene nada, no tiene valores. El nuevo diseño curricular abarca una formación integral y es hacia allá que tenemos que apuntar los educadores. Cuando explotas conjuntamente la educación, el conocimiento y valores en el hombre, éste tiene las puertas y ventanas abiertas en todos lados”, acotó.

Por su parte, Yuribel Salcedo, Profesora de Biología y Química, del liceo Las Mercedes, en Río Chico, estado Miranda, considera que su papel como educadora, es fundamental. 

“Nosotros tenemos un papel importante en la sociedad y nuestro aporte es fundamental, pues somos un ejemplo a seguir tanto en el aspecto de los conocimientos como en lo personal. Nuestra labor va más allá de impartir materias. Somos docentes en la casa, en la escuela, en el centro comercial, en la playa, en todo momento. Nunca te apartas ni te divides de tu carrera y tu vida personal”, refirió.


Ley Organica de Educación
La Ley Orgánica Educación desarrolla los principios y valores rectores, derechos, garantías y deberes en educación, que asume el Estado Docente como función indeclinable y de máximo interés, de acuerdo con los principios constitucionales.

Este normativa está orientada por valores éticos y humanistas para lograr la transformación social en el país y dicta las bases organizativas y de funcionamiento del Sistema Educativo de la República Bolivariana de Venezuela.

Establece que la educación en el país debe ser pública y social, obligatoria, gratuita, de calidad, permanente, con pertinencia social, creativa, artística, innovadora, crítica, pluricultural, multiétnica, intercultural y plurilingüe.

Plantea que el Sistema Educativo Nacional es uno sólo, con dos subsistemas: El subsistema de educación Básica y el de Educación Universitaria.

La perspectiva que asume la LOE, de una educación liberadora, comprometida con la transformación social, la interculturalidad y la participación protagónica del pueblo, es producto de la reflexión y los profundos debates desarrollados a lo largo de diez años.

lunes, 3 de junio de 2013

LA TESTARUDEZ

Por: Javier Lugo



Seguramente has de conocer gente testaruda, obstinada... O quizás sea ése o a esa a quien ves en el espejo a diario. (¡A mi me sucede!) Sucede que, así como la flexibilidad física es propia de la juventud, con frecuencia la flexibilidad interna es un atributo de la madurez, luego de que uno empieza a ejercer espontáneamente lo que los tibetanos llaman “mente cuestionadora”: indagarnos a nosotros mismos para poder descartar aquellas creencias y puntos de vista que uno haya tomado como “la Verdad", y que hayamos constatado como estrechos o errados. Y descartarlos aunque por largo tiempo nos hayan sido muy preciados!. Lao Tsé dijo “La flexibilidad es la vida, la rigidez es la muerte”: cultivar una mente flexible como un junco...

Es posible que quien tienda a ser lúcido haya estructurado su terquedad en su juventud, simplemente como medio de supervivencia, para no ser arrasado por la sociedad exigente, y por lo que le han inculcado desde rancias creencias a veces heredadas en la familia o aprendidas en la sociedad donde se desenvuelve... Así, en la juventud uno se aferra a sus ideas propias, para protegerse de ser intoxicado por las ajenas y eso se proyecta en el resto de la vida.

“Obstinado” significa, etimológicamente, eso: “aferrado, agarrado”. En la medida en que maduramos y confiamos más en quienes somos, podemos poner en tela de juicio esas “ideas propias” para entonces soltar las que se hayan vuelto un obstáculo en la búsqueda de la verdad.

“Testarudo” nace de la misma raíz que “atestar” = “llenar una cosa hueca (tiesto) apretando lo que se mete en ella para que quepa”. Pero si testarudamente nos aferramos a ideas viejas y disfuncionales, lo nuevo no encuentra el vacío necesario para refrescar nuestra mirada sobre nosotros mismos y sobre la realidad.

Dejar de ser testarudo será limpiar nuestro propio recipiente interno de aquellas ideas que nunca nos hemos cuestionado, y que, sigilosamente, se han instalado en el trono que habría correspondido a la Verdad, gobernando desde allí, peligrosamente, nuestra vida... Este cuento hindú nos lo advierte:

Un viajero que recorría la India y que se definía a sí mismo como “buscador de la Verdad” encontró a un anciano serenamente sentado bajo un árbol, tallando una flauta. Le habían dicho que ése era el más sabio de la comarca. Se le acercó y, pidiéndole permiso para hacerle una pregunta, le dijo: “Señor, ¿cómo puedo llegar a la Verdad?”

El viejo sonrió y, sin dejar de hacer su tarea, le dijo, luego de un largo silencio: “Si lo que buscas es realmente la Verdad, hay algo que es indispensable que ejerzas por encima de todo...”

El viajero, presa de su propia ansiedad, interrumpió al anciano: “Sí, ya sé: una irresistible pasión por ella.”
El anciano hizo otro largo silencio, y allí arrojó su última frase al ansioso viajero: “No: una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado.”

¿Se puede cambiar ese rasgo de la personalidad llamado TESTARUDEZ?

Por supuesto que si... Es cuestion de actitud, disposición y humildad.

- "Yo es que soy muy testarudo. Siempre pretendo llevar la razón" – me dijo una persona después de un largo diálogo.
- "¿Te gusta ser testarudo?" – le pregunté entonces.
- "No"
- "¿Y por qué no cambias si te ha dado tantos problemas?"
- "Soy así. Ya no puedo cambiarlo"

Me quedé con esto último: “Soy así. Ya no puedo cambiarlo”.
Me dispuse a desmenuzar aquellas dos frases: “Soy así”. En el contexto de la conversación aquella frase no se refería a ningún rasgo físico inalterable (el que es moreno, es moreno; al que le falta una pierna, le falta una pierna; etc.), sino a un rasgo concreto de su personalidad. No existe, que yo sepa, ningún gen que determine nuestro grado de “testarudez”, sino que lo adquirimos en la juventud y afianzamos con el paso del tiempo.

Así pues, con ese “soy así” me dio a entender que:
a) Se conocía a sí mismo a la perfección, o al menos…:
b) …había asumido ese rasgo de su personalidad como defecto.
c) Se creía incapaz de cambiar dicho rasgo.

En su segunda frase, “Ya no puedo cambiarlo”, hubo algo que llamó poderosamente mi atención. No dijo “Yo no puedo cambiarlo”, o simplemente “No puedo cambiarlo”, sino que usó un “Ya” de inicio. Y en ese “Ya” se encontraba la clave. Se sentía mayor para cambiar de actitud (aunque apenas rondara los 35 años), o bien presuponía que su entorno no alcanzaría a entender o a asumir un cambio por su parte. Si dejara de ser testarudo, por ejemplo, con su mujer, después de años de relación, aquella se escamaría generando un desconcierto difícil de justificar (¿a qué viene un cambio de actitud tras años de constante actitud testaruda?). O pudiera ser que ese “Ya” en realidad dijera que su vida es lineal desde hace tiempo, siempre la misma, sin altibajos, y que no necesita sorprender a nadie mediante cambios o mejoras de actitud por su parte. Quizás se tratara de un hombre derrotado por la rutina, o que ya ha asumido su función en esta vida, con sus virtudes y sus defectos, y no necesita atraer a nadie más que a los que ya le conocen y quieren. No sé.

Los cambios se producen cuando se dejan a un lado los prejuicios, se asume con humildad los propios defectos y con actitud se elije comenzar a cambiar y hacerlo realidad en lo concreto, en lo cotidiano, en pequeños detalles, en pequeños gestos, que sumados todos se obra ese gran cambio para nuestro bien... ¿Tú qué opinas?

sábado, 7 de julio de 2012

¿Se puede barrer la monotonía de nuestra cotidianidad?

Una reflexión desde el punto de vista cultural

Autor: Michelle Deniesse Lugo Navas
Universidad Simón Bolívar. Venezuela @michdeniesse

Despertar. Asearse. Desayunar. Soportar horas de tráfico para llegar al trabajo. Trabajar. Almorzar. Volver al trabajo. De nuevo horas de tráfico. Llegar a casa. Cenar. Distraerse un poco. Dormir.

Éste conjunto de acciones conforma el día a día de un venezolano promedio. No está tan mal. Tampoco tan bien. Lo cierto en todo esto es que nuestra sociedad se encuentra sumida en una monotonía que parece irremediable, tal vez debido a ritmo de vida tan agitado que traemos desde hace ya algunos años que no nos deja tiempo de pensar en algo más, o tal vez no. Y con “monotonía” no me refiero al hecho de diariamente llevar a cabo las acciones ya antes mencionadas, pues se supone que es lo que un adulto hace, el real problema aquí es que, al parecer, los individuos que conformamos esta sociedad ya no esperamos nada más de ese día a día y pronosticar el mañana es simplemente esperar los mismos titulares en periódicos y noticieros, buscar reírse de los mismos chistes de ayer y el día antes, tener un día más para adecuarnos a nuestra decadente realidad. Es esa la real monotonía.

Tomando la situación desde un punto de vista más amplio, geográficamente hablando, podemos notar que los venezolanos no somos los únicos inmersos en este problema ya que, indudablemente, desde México hasta La Patagonia los problemas económicos, políticos y sociales de América Latina son los mismos. Analizando un poco desde el punto de vista cultural me permito citar al intelectual Arturo Uslar Pietri cuando éste deja bien claro que la América Latina está formada por un inmenso mestizaje, no solo genético sino cultural, idealista, emotivo y psicológico, y es allí en ese mismo mestizaje en el que se encuentra el núcleo del comportamiento del latino en la actualidad. No cabe duda de que heredamos de los blancos, negros e indios rasgos tanto positivos como negativos que yacen arraigados nuestra cultura, pero son precisamente los negativos los que nos han llevado a terminar atrapados en este círculo vicioso de problemas político-sociales, que a largo plazo han ido desgastando nuestras sociedades, evidenciado en nuestro más próximo ejemplo: el venezolano, quien ya no es el mismo de hace unos años atrás.

Sin embargo, no importa lo fijados que estén esos rasgos negativos en nuestra cultura, aun así Venezuela es un país hermoso y de abundantes riquezas que puede mirar hacia adelante. Como el mismo Rómulo Gallegos lo ilustró en su espectacular obra “Doña Bárbara, hasta el pueblo más censurado por la barbarie tiene la capacidad de mirar hacia un porvenir civilizado.

Se puede pensar que ya que lo negativo, por el simple hecho de existir desde la colonia, es parte de nosotros, y no hay nada que se pueda cambiar; ¿pero qué pasa con las ganas de algunos de vivir en una mejor sociedad? Pues esas ganas y esa disposición son suficientes para tomar como ejemplo tanto lo bueno como lo malo y avanzar hacia esa sociedad soñada y querida. De hecho el mismo Ernesto Sábato lo propone cuando establece que todos debemos conocer las virtudes y debilidades de nuestras naciones, para convertir la historia en profesora y, asimismo, protectora de los intereses y el bienestar de la sociedad.

Para todos aquellos que todavía tenemos ganas de inventarnos un mejor mañana tenemos una solución, la misma propuesta por Ernesto Sábato, que es una nueva educación, que no busque derrumbar la ya antes existente pues crearía un caos cultural enorme, sino que la oriente a explotar lo mejor de nosotros para así hallar la óptima sociedad que todos buscamos. Citando al autor José Ignacio Cabrujas en la última línea de su obra “Confuso”, “¿no ha llegado la hora de sorprender?”, precisamente éste es el momento en el que debemos sorprender y hacer despertar a una sociedad adormecida, vuelta cómplice de los problemas y ahogada en ellos, y en esta monotonía, que efectivamente puede barrerse de nuestra cotidianidad.


sábado, 8 de octubre de 2011

La vida de Steve Jobs en 12 viñetas

Tras la muerte de Steve Jobs, no paran de sucederse los homenajes a un hombre que cambió el mundo de la tecnología. Neo Labels, para Fundación Telefónica, ha hecho una pieza gráfica en memoria de Steve Jobs, en la que se repasa la vida del genio de Apple. (Haz click aqui)




A través de 12 divertidas viñetas (arriba), Neo Labels recuerda algunos de los más importantes hitos de la vida de Jobs, como que sus padres le dieran en adopción, el lanzamiento del primer Mac, su salida de Apple, la compra de The Graphics Group que más tarde se convertiría en Pixar o la creación de dispositivos que han revolucionado los sectores de la música y la movilidad, como el iPod y el iPhone.

Carta de Divorcio

El siguiente mensaje aunque tiene un poco de buen humor tambien posiblemente tenga un mensaje para meditar sobre lo importante que es la comunicación en pareja.

Querido esposo: Te estoy escribiendo esta carta para manifestarte que he decidido dejarte, para bien de los dos. He sido una buena mujer para tí estos siete años, y sin embargo no puedo mostrar nada bueno que me haya tocado a mi. Estas dos últimas semanas han sido un infierno: Tu jefe llamó para decirme que habías renunciado al trabajo hoy, y eso fué lo máximo que pude soportar. La semana pasada, viniste a casa y no me mencionaste nada acerca de mi corte de cabello y el arreglo de mis uñas; cociné tu comida favorita y hasta usé un nuevo Baby Doll. Llegaste a casa y comiste en dos minutos, y te fuiste directo a dormir después de ver el beisbol. No me dices más que me amas, no me tocas ni nada. O me estás engañando con otra o no me amas más. Cualquiera que sea el caso, me quiero ir, te abandono. P.D. No trates de buscarme. Tu hermano y yo nos mudamos juntos. Que tengas una buena vida. Tu Ex-esposa.

---------------------------------------------------------- Querida Ex-esposa: Nada me hubiera causado mayor alegría que recibir tu carta. hemos estado casados 7 años, aunque eso no significa que hayas sido una buena mujer. Todo lo contrario. Yo miro mucho los juegos para tratar de ahogar el aburrimiento que me causan tus constantes quejas y malas actitudes. Qué malo que no funcionó nuestro matrimonio, porque yo te amaba. Yo si noté que te habías cortado tu cabello, y la primera cosa que me vino a la mente fue: "¡¡¡Luce como un hombre!!!" Pero mi madre me enseñó que si no puedo decir algo bueno de alguien, es mejor no decir nada. Cuando cocinaste mi comida favorita, debes haberme confundido con mi hermano, porque yo dejé de comer cerdo hace casi 7 años. Me fui a dormir cuando te pusiste ese Baby Doll, porque la etiqueta con el precio todavía estaba pegada a la prenda y recé pidiendo que fuera coincidencia que mi hermano me pidió prestados Bs. 200 esa misma mañana y la etiqueta de tu BabyDoll marcaba Bs 199. Después de todo esto, como todavía te amaba, sentí que todavía podíamos resolver lo nuestro. Así, que cuando descubrí que me había ganado el Kino de 12 millones de Bs Fuertes, renuncié a mi trabajo para tener todo el tiempo para tí, y además compré dos boletos para Jamaica. Pero cuando llegué a casa, tú te habías marchado. Todo ocurre por una buena razón, creo. Espero que tendrás la vida que siempre deseaste. Mi abogado dice que por la carta que me dejaste, no recibirás ni un centavo de mí. Así que cuídate mucho. P.D. No se si alguna vez te comenté ésto antes, pero mi hermano, Carlos, cuando nació, se llamaba Carla. Confío en que ésto no te será un problema. Firmado, ¡¡¡ Rico y Libre !!!

lunes, 23 de mayo de 2011

Historia de la Fealdad (Análisis a la obra de Umberto Eco)

A lo largo de los siglos, filósofos y artistas han ido proporcionando definiciones de lo bello, y gracias a sus testimonios se ha podido reconstruir una historia de las ideas estéticas a través de los tiempos. No ha ocurrido lo mismo con lo feo, que casi siempre se ha definido por oposición a lo bello y a lo que casi nunca se han dedicado estudios extensos, sino más bien alusiones parentéticas y marginales. Por consiguiente, si la historia de la belleza puede valerse de una extensa serie de testimonios teóricos (de los que puede deducirse el gusto de una época determinada), la historia de la fealdad por lo general deberá ir a buscar los documentos en las representaciones visuales o verbales de cosas o personas consideradas en cierto modo "feas".

No obstante, la historia de la fealdad tiene algunos rasgos en común con la historia de la belleza. Ante todo, tan solo podemos suponer que los gustos de las personas corrientes se correspondieran de algún modo con los gustos de los artistas de su época. Si un visitante llegado del espacio acudiera a una galería de arte contemporáneo, viera rostros femeninos pintados por Picasso y oyera que los visitantes los consideran "bellos", podría creer erróneamente que en la realidad cotidiana los hombres de nuestro tiempo consideran bellas y deseables a las criaturas femeninas con un rostro similar al representado por el pintor. No obstante, el visitante del espacio podría corregir su opinión acudiendo a un desfile de moda o a un concurso de Miss Universo, donde vería celebrados otros modelos de belleza. A nosotros, en cambio, no nos es posible; al visitar épocas ya remotas, no podemos hacer ninguna comprobación, ni en relación con lo bello ni en relación con lo feo, ya que solo conservamos testimonios artísticos de aquellas épocas. Otra característica común a la historia de la fealdad y a la belleza es que hay que limitarse a registrar las vicisitudes de estos dos valores en la civilización occidental. En el caso de las civilizaciones arcaicas y de los pueblos llamados primitivos, disponemos de restos artísticos pero no de textos teóricos que nos indiquen si estaban destinados a provocar placer estético, terror sagrado o hilaridad.

A un occidental, una máscara ritual africana le parecería horripilante, mientras que para el nativo podría representar una divinidad benévola. Por el contrario, al seguidor de una religión no occidental le podría parecer desagradable la imagen de un Cristo flagelado, ensangrentado y humillado, cuya aparente fealdad corporal inspiraría simpatía y emoción a un cristiano. En el caso de otras culturas, ricas en textos poéticos y filosóficos (como, por ejemplo, la india, la japonesa o la china), vemos imágenes y formas pero, al traducir textos literarios o filosóficos, casi siempre resulta difícil establecer hasta qué punto ciertos conceptos pueden ser identificables con los nuestros, aunque la tradición nos ha inducido a traducirlos a términos occidentales como "bello" o "feo". Y aunque se tomaran en consideración las traducciones, no bastaría saber que en una cultura determinada se considera bella una cosa dotada, por ejemplo, de proporción y armonía. ¿Qué significan, en realidad, estos dos términos? Su sentido también ha cambiado a lo largo de la historia occidental. Solo comparando afirmaciones teóricas con un cuadro o una construcción arquitectónica de la época nos damos cuenta de que lo que se consideraba proporcionado en un siglo ya no lo era en el otro; cuando un filósofo medieval hablaba de proporción, por ejemplo, estaba pensando en las dimensiones y en la forma de una catedral gótica, mientras que un teórico renacentista pensaba en un templo del siglo XVI, cuyas partes estaban reguladas por la sección áurea, y a los renacentistas les parecían bárbaras y, justamente, "góticas", las proporciones de las catedrales.

Los conceptos de bello y de feo están en relación con los distintos períodos históricos o las distintas culturas y, citando a Jenófanes de Colofón (según Clemente de Alejandría, Stromata , V, 110), "si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos, o pudiesen dibujar con las manos, y hacer obras como las que hacen los hombres, semejantes a los caballos el caballo representaría a los dioses, y semejantes a los bueyes, el buey, y les darían cuerpos como los que tiene cada uno de ellos".

En la Edad Media, Giacomo da Vitri ( Libro duo, quorum prior Orientalis, sive Hierosolymitanae, alter Occidentalis historiae ), al ensalzar la belleza de toda la obra divina, admitía que "probablemente los cíclopes, que tienen un solo ojo, se sorprenden de los que tienen dos, como nosotros nos maravillamos de aquellas criaturas con tres ojos Consideramos feos a los etíopes negros, pero para ellos el más negro es el más bello". Siglos más tarde, se hará eco Voltaire (en el Diccionario filosófico ): "Preguntad a un sapo qué es la belleza, el ideal de lo bello, lo to kalòn . Os responderá que la belleza la encarna la hembra de su especie, con sus hermosos ojos redondos que resaltan de su pequeña cabeza, boca ancha y aplastada, vientre amarillo y dorso oscuro. Preguntad a un negro de Guinea: para él la belleza consiste en la piel negra y aceitosa, los ojos hundidos, la nariz chata. Preguntádselo al diablo: os dirá que la belleza consiste en un par de cuernos, cuatro garras y una cola".

Hegel, en su Estética , observa que "ocurre que, si no todo marido a su mujer, al menos todo novio encuentra bella, y bella de una manera exclusiva, a su novia; y si el gusto subjetivo por esta belleza no tiene ninguna regla fija, se puede considerar una suerte para ambas partes Se oye decir con mucha frecuencia que una belleza europea desagradaría a un chino o hasta a un hotentote, porque el chino tiene un concepto de la belleza completamente diferente al del negro Y ciertamente, si consideramos las obras de arte de esos pueblos no europeos, por ejemplo las imágenes de sus dioses, que han surgido de su fantasía dignas de veneración y sublimes, a nosotros nos pueden parecer los ídolos más monstruosos, del mismo modo que su música puede resultar sumamente detestable a nuestros oídos. A su vez, esos pueblos considerarán insignificantes o feas nuestras esculturas, pinturas y músicas".

A menudo la atribución de belleza o de fealdad se ha hecho atendiendo no a criterios estéticos, sino a criterios políticos y sociales. En un pasaje de Marx ( Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 ) se recuerda que la posesión de dinero puede suplir la fealdad: "El dinero, en la medida en que posee la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es el objeto por excelencia Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero Lo que soy y lo que puedo no está determinado en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Por tanto, no soy feo, porque el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, queda anulado por el dinero. Según mi individualidad, soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro piernas: luego, no soy tullido ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?". Basta, pues, aplicar esta reflexión sobre el dinero al poder en general y se entenderán algunos retratos de monarcas de siglos pasados, cuyas facciones fueron devotamente inmortalizadas por pintores cortesanos, que desde luego no pretendían destacar demasiado sus defectos, y hasta hicieron todo lo posible por refinar sus rasgos. No cabe duda de que estos personajes nos parecen bastante feos (y probablemente también lo eran en su tiempo), pero era tal su carisma y la fascinación que les otorgaba su omnipotencia que sus súbditos los contemplaban con ojos de adoración.

Por último, basta leer uno de los relatos más hermosos de la ciencia ficción contemporánea, "El centinela" de Fredric Brown, para ver que la relación entre lo normal y lo monstruoso, lo aceptable y lo horripilante, puede invertirse según la mirada vaya de nosotros al monstruo del espacio o del monstruo del espacio a nosotros: "Estaba completamente empapado y cubierto de barro; tenía hambre y frío y se hallaba a ciento cincuenta mil años luz de su casa. Un sol extranjero le iluminaba con una gélida luz azul y la gravedad, dos veces mayor de lo habitual, convertía cada movimiento en una agonía de cansancio Los de la aviación lo tenían fácil, con sus aeronaves relucientes y sus superarmas; pero cuando se llega al momento crucial, le corresponde al soldado de a pie, a la infantería, tomar la posición y conservarla, con sangre, palmo a palmo. Como este jodido planeta de una estrella de la que jamás había oído hablar hasta que lo habían enviado. Y ahora era suelo sagrado porque también había llegado el enemigo. El enemigo, la única otra raza inteligente de la galaxia crueles, asquerosos, repugnantes monstruos Estaba completamente empapado y cubierto de barro; tenía hambre y frío, y el día era gris y barrido por un viento violento que le molestaba en los ojos. Pero los enemigos intentaban infiltrarse y era vital mantener las posiciones avanzadas. Estaba alerta, con el fusil preparado Entonces vio a uno de ellos arrastrándose hacia él. Apuntó y disparó. El enemigo emitió aquel grito extraño, terrorífico, que todos emitían, y ya no se movió. El grito, la visión del cadáver lo hicieron estremecer. Muchos se habían acostumbrado con el paso del tiempo y ya no le prestaban atención; pero él, no. Eran criaturas demasiado asquerosas, con solo dos brazos y dos piernas, y aquella piel de un blanco nauseabundo y sin escamas ".

Decir que belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas (o incluso con los planetas) no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable. Se podría incluso sugerir, como hizo Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos , que "en lo bello el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección" y "se adora en ello El hombre en el fondo se mira en el espejo de las cosas, considera bello todo aquello que le devuelve su imagen Lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración Todo indicio de agotamiento, de pesadez, de senilidad, de fatiga, toda especie de falta de libertad, en forma de convulsión o parálisis, sobre todo el olor, el color, la forma de la disolución, de la descomposición todo esto provoca una reacción idéntica, el juicio de valor ´feo ¿A quién odia aquí el hombre? No hay duda: odia la decadencia de su tipo ".


El argumento de Nietzsche es narcisísticamente antropomorfo, pero nos dice precisamente que belleza y fealdad están definidas en relación con un modelo "específico" -y la noción de especie se puede extender de los hombres a todos los entes, como hacía Platón en la República , al aceptar que se considerara bella una olla fabricada según las reglas artesanales correctas, o Tomás de Aquino ( Suma teológica , I, 39, 8), para quien los componentes de la belleza eran, además de una proporción correcta, la luminosidad o claridad y la integridad-, es decir, que una cosa (ya sea un cuerpo humano, un árbol, una vasija) había de presentar todas las características que su forma debía haber impuesto a la materia. En este sentido, no solo se consideraba fea una cosa desproporcionada, como un ser humano con una cabeza enorme y unas piernas muy cortas, sino que también se consideraban feos los seres que Tomás definía como turpi en el sentido de "disminuidos" o -como dirá Guillermo de Auvernia ( Tratado del bien y del mal )- aquellos a los que les falta un miembro, que tienen un solo ojo (o tres, porque se puede adolecer de falta de integridad también por exceso). Por consiguiente, se consideraban feos sin piedad alguna los adefesios, que los artistas han representado a menudo de forma despiadada, y en el mundo animal los híbridos, que fundían de forma violenta los aspectos formales de dos especies distintas.

¿Podrá, pues, definirse simplemente lo feo como lo contrario de lo bello, un contrario que también se transforma cuando cambia la idea de su opuesto? ¿La historia de la fealdad puede ser el contrapunto simétrico de la historia de la belleza?

La primera y más completa Estética de lo feo , la que elaboró en 1853 Karl Rosenkranz, establece una analogía entre lo feo y el mal moral. Del mismo modo que el mal y el pecado se oponen al bien, y son su infierno, así también lo feo es "el infierno de lo bello". Rosenkranz retoma la idea tradicional de que lo feo es lo contrario de lo bello, una especie de posible error que lo bello contiene en sí, de modo que cualquier estética, como ciencia de la belleza, está obligada a abordar también el concepto de fealdad. Pero justamente cuando pasa de las definiciones abstractas a una fenomenología de las distintas encarnaciones de lo feo es cuando nos deja entrever una especie de "autonomía de lo feo", que lo convierte en algo mucho más rico y complejo que una simple serie de negaciones de las distintas formas de belleza.

Rosenkranz analiza minuciosamente la fealdad natural, la fealdad espiritual, la fealdad en el arte (y las distintas formas de imperfección artística), la ausencia de forma, la asimetría, la falta de armonía, la desfiguración y la deformación (lo mezquino, lo débil, lo vil, lo banal, lo casual y lo arbitrario, lo tosco), y las distintas formas de lo repugnante (lo grosero, lo muerto y lo vacío, lo horrendo, lo insulso, lo nauseabundo, lo criminal , lo espectral, lo demoníaco, lo hechicero y lo satánico). Demasiadas cosas para seguir diciendo que lo feo es simplemente lo opuesto de lo bello entendido como armonía, proporción o integridad.

Si se examinan los sinónimos de "bello" y "feo", se ve que se considera bello lo que es bonito, gracioso, placentero, atractivo, agradable, agraciado, delicioso, fascinante, armónico, maravilloso, delicado, gentil, encantador, magnífico, estupendo, excelso, excepcional, fabuloso, prodigioso, fantástico, mágico, admirable, valioso, espectacular, espléndido, sublime, soberbio, mientras que feo es lo repelente, horrendo, asqueroso, desagradable, grotesco, abominable, odioso, indecente, inmundo, sucio, obsceno, repugnante, espantoso, abyecto, monstruoso, horrible, hórrido, horripilante, sucio, terrible, terrorífico, tremendo, angustioso, repulsivo, execrable, penoso, nauseabundo, fétido, innoble, aterrador, desgraciado, lamentable, enojoso, indecente, deforme, disforme, desfigurado (por no hablar de cómo el horror puede aparecer también en terrenos como el de lo fabuloso, lo fantástico, lo mágico y lo sublime, asignados tradicionalmente a lo bello).


La sensibilidad del hablante común percibe que, si bien en todos los sinónimos de bello se podría observar una reacción de apreciación desinteresada, en casi todos los de feo aparece implicada una reacción de disgusto, cuando no de violenta repulsión, horror o terror.

En su obra sobre La expresión de las emociones en los animales y en el hombre , Darwin observaba que lo que provoca disgusto en una determinada cultura no lo provoca en otra, y viceversa, pero concluía que sin embargo "parece que los distintos movimientos descritos como expresión de desprecio y de disgusto son idénticos en una gran parte del mundo".

Conocemos sin duda algunas descaradas manifestaciones de aprobación ante algo que nos parece bello porque es físicamente deseable; basta pensar en la broma de mal gusto al paso de una mujer guapa o en las inconvenientes manifestaciones de alegría del glotón ante su comida preferida. En estos casos, sin embargo, no se trata tanto de una expresión de goce estético como de algo parecido a los gruñidos de satisfacción o incluso a los eructos que se emiten en algunas civilizaciones para expresar el agrado de un alimento (aunque en esas ocasiones se trata de una forma de etiqueta). En general, parece que la experiencia de lo bello provoca lo que Kant ( Crítica del juicio ) definía como "placer sin interés": si bien nosotros quisiéramos poseer todo aquello que nos parece agradable o participar en todo lo que nos parece bueno, la expresión de agrado ante la visión de una flor proporciona un placer del que está excluido cualquier tipo de deseo de posesión o de consumo.

En este sentido, algunos filósofos se han preguntado si se puede pronunciar un juicio estético de fealdad, puesto que la fealdad provoca reacciones pasionales como el disgusto descrito por Darwin.

A lo largo de nuestra historia deberemos distinguir realmente entre la fealdad en sí misma (un excremento, una carroña en descomposición, un ser cubierto de llagas que despide un olor nauseabundo) y la fealdad formal, como desequilibrio en la relación orgánica entre las partes de un todo. Imaginemos que vemos por la calle a una persona con la boca desdentada: lo que nos molesta no es la forma de los labios o de los pocos dientes que quedan, sino el hecho de que los dientes supervivientes no estén acompañados de los otros que deberían estar allí, en aquella boca. No conocemos a esa persona, esa fealdad no nos implica pasionalmente y sin embargo -ante la incoherencia o la no completud de aquel conjunto- nos sentimos autorizados a manifestar desapasionadamente que aquel rostro es feo.

Por esto, una cosa es reaccionar pasionalmente al disgusto que nos provoca un insecto viscoso o un fruto podrido y otra es decir que una persona es desproporcionada o que un retrato es feo en el sentido de que está mal hecho (la fealdad artística es una fealdad formal). Y respecto a la fealdad artística, recordemos que en casi todas las teorías estéticas, al menos desde Grecia hasta nuestros días, se ha reconocido que cualquier forma de fealdad puede ser redimida por una representación artística fiel y eficaz. Aristóteles ( Poética , 1448b) habla de la posibilidad de realizar lo bello imitando con maestría lo que es repelente, y Plutarco ( De audiendis poetis ) nos dice que en la representación artística lo feo imitado sigue siendo feo, pero recibe como una reverberación de belleza procedente de la maestría del artista.


Hemos identificado, pues, tres fenómenos distintos: la fealdad en sí misma , la fealdad formal y la representación artística de ambas . Lo que hay que tener presente es que por lo general solo a partir del tercer tipo de fealdad se podrá inferir lo que eran en una cultura determinada los dos primeros tipos.

Al hacerlo, nos exponemos a muchos equívocos. En la Edad Media, Buenaventura de Bagnoregio nos decía que la imagen del diablo se vuelve bella si representa bien su fealdad; pero ¿realmente era esto lo que pensaban los fieles que contemplaban escenas de inauditos tormentos infernales en los portales o en los frescos de las iglesias? ¿No reaccionaban tal vez con terror y angustia, como si hubiesen visto una fealdad del primer tipo, horripilante y repugnante como sería para nosotros la visión de un reptil que nos amenaza?

Los teóricos muchas veces no tienen en cuenta numerosas variables individuales, idiosincrasias y comportamientos desviados. Si bien es cierto que la experiencia de la belleza implica una contemplación desinteresada, un adolescente alterado puede experimentar una reacción pasional incluso ante la Venus de Milo. Lo mismo cabe decir respecto a lo feo: de noche, un niño puede soñar aterrorizado con la bruja que ha visto en un libro de cuentos, que para otros niños de su edad no sería más que una imagen divertida. Probablemente muchos contemporáneos de Rembrandt, además de apreciar la maestría con que el artista representaba un cadáver diseccionado sobre la mesa de anatomía, podían experimentar reacciones de horror como si el cadáver fuese real, del mismo modo que el que ha padecido un bombardeo tal vez no puede mirar el Guernica de Picasso de una forma estéticamente desinteresada, y revive el terror de su antigua experiencia.

De ahí la prudencia con que debemos disponernos a seguir esta historia de la fealdad, en sus variedades, en sus múltiples articulaciones, en la diversidad de reacciones que sus distintas formas suscitan, en los matices conductuales con que se reacciona. Considerando en cada ocasión si, y hasta qué punto, tenían razón las brujas que en el primer acto de Macbeth gritan: "Lo bello es feo y lo feo es bello ".